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Ser adulto y tener el tiempo de jugar. Jugar y sobrevivir. ¿De qué otra forma dominar el tiempo para el “lujo” del dibujo? Jugando soy un sobreviviente del arte, y del mundo.
Aquí estoy y soy: la construcción de un niño que odió el colegio, a quien no escogieron para el partido de futbol, el que olvidó el mundo a cambio de la suerte del lápiz. Claro, el lápiz sordo ante el dictado y atento al papel en blanco, dejándose guiar por el despiste de la inspiración. Y no es ni fue la inspiración de Baldor sino la de Mafalda; no la del Profe sino la de Mad magazine, no la del cuarto ordenado sino la abstracción de Jackson Pollock. Mi vida la compone El Alebrije y su color; los bigotes de Dalí y el surrealismo de Max Ernst.
La escuela no me enseñó anatomía pues para eso tuve a He-Man. Y aunque ni el Profe ni el rubio musculoso tenían humor, por suerte risueña me han acompañado Cantinflas, Chespirito y mi tio Pepe.
Pero ¿de qué forma sobrevivir al sistema, sonriente y con el pincel empuñado? Pues con honestidad, años de búsqueda, mucho trabajo, con mi propio y casi obsesivo camino de estudio, y la suerte de que mi familia me haya dado a mi mayor influencia: mi tío, el maestro: Ramón Banús (1938 – 2012).
Ahora, permítanme mostrarles el camino
y la apuesta actual de mi obra.
Canale Banús 2012

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